Algo complicado el mundo de los sentimientos. Un teclado con el que puedo escribir todo lo que siento, pero ¿qué es lo que siento? ¿nada? Nada quizás por el miedo al dolor, a la distancia. Pero mucho por todo lo que vivimos, por lo que hablamos, por lo que hacemos... por lo que somos cuando estamos juntos.
Todo tiene un fin o como me gusta decirle, una fecha de caducidad. Aquella dichosa fecha que hace que todo se haga con prisa y no se disfrute de esa realidad. La misma que miras constantemente, esperando que el día que marque sea lejano y con la esperanza de que no llegue nunca. Una paranoia, lo sé.
El destino nos une y nos separa de las personas, algo que no siempre podemos elegir. Es ley de vida que nos distancie de personas a las que queremos y a las que no tanto. ¿Por qué? Cuando lo averigüe te cuento. Sé que he hecho muchas cosas mal en la vida y hoy, sinceramente, de pocas me arrepiento porque aprendía de los errores cometidos. Algo de lo que no me arrepiento ni lo haré, es de haberte conocido. Me has regalado eso que siempre busqué y que nadie supo ofrecerme.
¿Por qué todo es tan subjetivo y subliminal? Supongo que será cosa de mi pequeño y frágil mundo. Haré todo lo posible porque un día volvamos a encontrarnos... y ese día sí que tiene una fecha de comienzo... pero no de caducidad.